El mágico reencuentro de los barrieros

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Selu Figuereo, artísticamente El Barrio, ha alterado muy poco el estilo musical básico que lo mantiene en la fama hace casi tres décadas y llenando recintos en los que da conciertos con todo el aforo vendido con antelación, como ocurrió anoche en el Centro Hípico de Mairena del Aljarafe y seguramente volverá a ocurrir hoy, aunque todavía quedan algunas entradas disponibles. No es muy sutil su amalgama del flamenco con la música que nació desde los arraigos trianeros y alamedeños que él reconoce como inspiración, pero sus letras irónicas y sentimentales y su voz llena de garra, que a veces tiembla con contracorrientes emocionales, hacen que proyecte una de las sensibilidades más afines a los miles de aficionados al pop que florece con raíces andaluces, sobre todo al que refresca el aire de la Bahía de Cádiz. En este concierto del ciclo Cabaret Festival, El Barrio ofreció un espectáculo característicamente impecable que entretejió varias canciones del nuevo disco, ese Atemporal que da nombre a la gira que mantiene desde junio, con muchas de sus trece álbumes anteriores.

Tuvo la velada un comienzo instrumental, luciéndose con la guitarra eléctrica Antonio Reina, que lo mismo le mete a Bach riffs de marcado cariz jevi, que abre un concierto de El Barrio con solos de gran sabor a rock andaluz. En el escenario le acompañaban otro guitarrista eléctrico, Israel Sandoval y el gran Pelu Monje a la guitarra flamenca; Fernando Rodríguez se ocupaba de los teclados; la sección rítmica la componían el bajista Manolo Nieto y el batería Anye Bao, y acompañaron Raúl Obregón y Yona Luna, con sus coros y sus palmas a Selu cuando salió un ratito después para comenzar con Amores maníos, del disco que está presentando, y continuar derramando una Agua fresca mucho mejor que la que temíamos esta noche tras la aparatosa tormenta eléctrica de la madrugada anterior, metiendo entre sus estrofas otras de aquella antigua toná de La Virgen de los Remedios tiene su cara morena, que popularizó por tangos Camarón; de la Chasqueona de Mayte Martín, del Creó Andalucía de Romero San Juan, del Ali Ali O de Moncho Chavea; todo un paseo por el flamenco de Cádiz y Sevilla, que pasó por el Barrio de Santa María y la soleá trianera de el clavel no tiene espinas convertida en bulerías. Volvió al disco nuevo para templar un poco los ánimos con El último adiós y seguir en él otra vez por bulerías con Vamo mi niña un poquito, con palmas y la guitarra flamenca del Pelu, metiendo de nuevo entre sus versos guiños a otras letras populares del mismo palo entre las que destacaron las del Romance de Juan de Osuna que tan grande hicieron a Manolo Caracol. Y Niña del viento, la remataron con otro espectacular solo, esta vez de la guitarra de Sandoval, derramando mucho más fuego que el final que le conocemos de su versión grabada. Se nota que en directo El Barrio y su director artístico cuidan el detalle textural de la música.



La estética de la música pop de mezclar y combinar absorbe con avidez tanto culturas como el paso del tiempo. El resultado final es una fiesta donde lo viejo se mezcla con lo nuevo, donde una sensación de movimiento cultural popular, siempre emocionante, ciega momentáneamente al público ante sus diferencias, uniéndolo. Así ocurrió aquí esta noche, donde El Barrio agradó a todos los presentes por igual, los más jóvenes y las que ya mismo van a ser abuelas. Las incursiones en los vericuetos de la amplia carrera de Selu, el nombre que corearon tantas veces, para recordar las canciones de cuando esta parte más madura del público comenzó a interesarse en su música, comenzaron con Mi amor, un tema de Mal de amores, su tercer disco, el que le lanzó a la fama cuando aún no se había terminado el siglo pasado.

Con Poeta de versos torcíos volvió al disco protagonista de la noche. Continuó con Me voy al mundo, la canción que daba título a su quinto álbum, el del 2002, con el que empezó a cosechar discos de oro, para llenar el recinto de aires de rumba. El teclado de Fernando, con sus ritmos de reggae, fue el protagonista del inicio de Qué arte, ¿no?, un alegato de El Barrio contra los advenedizos y aprovechados del difícil mundo de la música: qué difícil es entender lo que es el arte, saber amar la música. Pero pa tó los males traía remedios en su canastito de Curandero, la canción que siguió, con la que volvieron los aires más flamencos, esta vez por tangos.

Todavía no lo sabíamos, pero el espectáculo estaba llegando a su paso de ecuador, y Selu se fue tras más de una hora en el escenario, dejando solos a sus acompañantes. Fue cuando los palmeros comenzaron a cantar Mi pena, quedándose solo en el estribillo para arrancarse entonces por alegrías, de las de Miguel Poveda y Camarón. La fiesta flamenca siguió, metiéndole duende a algunas de las canciones antiguas del propio Selu: No vale la pena, Poco a poco, Calla, con mucho groove del bajo de Nieto delante de unas bulerías de Jerez, y finalizar por bamberas con La leyenda del tiempo y otro solo de teclado. Volvió El Barrio con Mi amante luna; los coristas le habían cogido el gusto al protagonismo y estaban a su lado, cantando con él al borde del escenario. Luego se fueron todos los demás y Selu se quedó solo, ocupando el centro del escenario, sentado en una silla, con una guitarra flamenca en sus manos, para recordarnos a Medina Azahara con un trocito del Todo tiene su fin que estos, a su vez, adaptaron de los Módulos, y otras canciones populares propias y ajenas. Para El adormitar de los laureles ya estaban todos de vuelta y antes de ponerse con ella El Barrio nos anunció que el 2025 se lo va a tomar de descanso y volverá el 2026 con una gira de celebración de su 30 aniversario. Y porque él lo vale, se permitió cumplir el capricho de poner a todo el auditorio a cantar Los peces en el río.

La recta final la iniciaron con A veces y completaron Torpe canción con unos versos de De lobo a cordero antes de enlazarla a El danzar de las mariposas, con la que empezó la despedida. Pero solo fue un amago, porque cabalgando sobre la batería de Bao llegó el popurrí de los recuerdos, comenzando, como mandaban los cánones, por el Comienzo, seguida de Buena, bonita y barata y unos desvaríos de eeeeoooos fredimercurianos bastante gratuitos que adornaron toda la interpretación de un Pa’ Madrid ampliamente coreado. Más desbarre con El licenciao antes de la despedida real, como no, con el Orgullo de su gente: somos los barrieros, venimos todos a una. Esta noche van a volverlo a hacer.

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